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julio 30, 2021
Descubre el potencial de los programas de alimentación escolar para mejorar el acceso a una nutrición adecuada, reforzar la salud inmunológica de los niños y favorecer su desarrollo académico.
En enero de 2020, tras una década de crecimiento sostenido, el número de niños que recibían comidas en la escuela había alcanzado un máximo histórico de 388 millones en todo el mundo.3 Apenas tres meses después, gran parte de ese progreso, logrado con tanto esfuerzo, se había perdido. A medida que la pandemia del coronavirus comenzaba a extenderse por todo el mundo, 199 países se vieron obligados a cerrar sus colegios, lo que dejó a 370 millones de niños sin su única comida segura del día.4
El impacto de la crisis sanitaria mundial en el desarrollo y el bienestar de los niños ha sido considerable, ya que ha limitado su acceso a la educación, la asistencia sanitaria y la interacción social, así como a los alimentos nutritivos que necesitan para crecer, aprender y desarrollar un sistema inmunitario fuerte. Durante décadas, los programas de alimentación escolar han constituido un método eficaz, eficiente y seguro para subsanar las carencias nutricionales a gran escala, contribuyendo a garantizar que los niños reciban tanto las calorías como los micronutrientes necesarios para combatir las infecciones y crecer de forma saludable. Aunque la tarea de recuperar los avances perdidos es enorme, la atención prestada a los programas de alimentación escolar durante la pandemia y el papel fundamental que desempeñan a la hora de proteger la salud de los niños ha impulsado una acción sin precedentes: gobiernos, ONG, donantes y particulares se han comprometido a invertir en la nutrición infantil como un paso esencial para apoyar a las generaciones futuras.
El hambre es un problema endémico para millones de niños en edad escolar de todo el mundo, muchos de los cuales no tienen acceso ni a la cantidad ni a la calidad de alimentos que necesitan para gozar de una salud física y cognitiva óptima.5 En términos concretos, UNICEF estima que 340 millones de niños no reciben las vitaminas y minerales que necesitan para crecer de forma saludable.6 No solo es asombrosa la magnitud de este problema —esta cifra equivale a 1 de cada 2 niños del mundo—, sino que, dado que los efectos de la desnutrición suelen ser sutiles, cuando se detecta la afección puede ser demasiado tarde para tomar medidas.7 El hambre oculta puede afectar gravemente al rendimiento académico de un niño, especialmente a su capacidad de concentración, lo que repercute negativamente en las oportunidades de que dispondrán estas personas cuando sean adultas.
En su forma más básica, los programas de alimentación escolar pueden garantizar que los niños reciban al menos una comida al día, lo que les proporciona tanto la energía necesaria para aprender como los micronutrientes que necesitan para fortalecer su sistema inmunitario en desarrollo. Los considerables beneficios que los programas de alimentación escolar aportan a la salud física de los niños pueden potenciarse aún más mediante la inclusión en el programa de alimentos enriquecidos, como el arroz, las mezclas de cereales, los zumos, la leche, los productos de panadería o el yogur. El enriquecimiento de los alimentos básicos es el proceso de añadir a los productos alimenticios Vitaminas y minerales esenciales que cubren carencias nutricionales específicas o satisfacen necesidades de salud concretas. Esto puede mejorar considerablemente el valor nutricional de los productos de los que las comunidades suelen depender para la mayor parte de su ingesta calórica, sin afectar al sabor, la textura ni las condiciones de cocción.
En Deogarh, en la India, podemos encontrar un ejemplo de un proyecto de fortificación en marcha. En colaboración con , dsm-firmenich y el Programa Mundial de Alimentos, el Gobierno de Odisha suministra arroz enriquecido a través del sistema de distribución pública para combatir las carencias nutricionales entre los escolares.8
Respaldados por un sólido conjunto de datos preclínicos y clínicos, los científicos especializados en nutrición han relacionado el desarrollo de una respuesta inmunitaria saludable con una ingesta adecuada de determinados micronutrientes, en particular las vitaminas A, B₆, B₁₂, C, D y E, el folato, los ácidos poliinsaturados omega-3 (PUFA) y minerales como el zinc, el selenio, el cobre y el hierro.9 Sin una cantidad suficiente de estos nutrientes, el organismo tiene menos capacidad para defenderse de los patógenos o para desarrollar anticuerpos que ayuden a protegerlo frente a futuras infecciones.10
La prevalencia de enfermedades causadas o agravadas por deficiencias nutricionales ya era elevada antes de la pandemia, sobre todo en los países de renta baja y media. Sin embargo, dado que las restricciones de viaje, los problemas en la cadena de suministro y los confinamientos han reducido aún más el acceso a una alimentación sana y nutritiva para los países vulnerables, el problema se ha agravado de forma exponencial.11 A corto plazo, estas carencias pueden aumentar la amenaza inmediata que suponen las enfermedades infecciosas, al tiempo que tienen efectos duraderos en el rendimiento académico, el riesgo de padecer enfermedades crónicas y las perspectivas económicas, tanto para las personas como para los países.12
Al proporcionar nutrientes esenciales, los programas de alimentación escolar pueden ayudar a los niños a desarrollar defensas sólidas contra las infecciones, lo que les permite mantenerse sanos, felices y en condiciones de aprender.13 Más allá de los beneficios fundamentales que suponen la reducción de las tasas de morbilidad y mortalidad infantiles, el potencial de estos programas para reforzar el sistema inmunitario se traduce en una reducción de los costes sanitarios, una mejora del rendimiento escolar y, en última instancia, en un desarrollo económico y una prosperidad acelerados. El Banco Mundial y el Consenso de Copenhague han calificado el enriquecimiento de los alimentos como una de las mejores inversiones en desarrollo en términos de rentabilidad, ya que se estima que cada dólar invertido en este ámbito genera un rendimiento económico de 27 dólares gracias al ahorro en costes de tratamiento, al aumento de los ingresos y a la mejora de la productividad laboral.14
En las regiones más pobres del mundo, la promesa de una comida es la principal razón por la que muchos niños acuden a la escuela.15 Las enfermedades son, por supuesto, otra causa importante de interrupción de la educación y, con un sistema inmunitario debilitado debido a la mala nutrición, muchos niños vulnerables pueden perder los beneficios de la escolarización debido a un número excesivo de ausencias por enfermedad.16 En medio de estos retos, los programas de alimentación escolar pueden ayudar a incentivar a las familias para que vuelvan a enviar a sus hijos a la escuela tras la pandemia, y contribuir a una asistencia más regular, con menos días de ausencia como consecuencia de afecciones en gran medida prevenibles.
Dentro del propio aula, los efectos del hambre oculta —en particular, la carencia de hierro— pueden mermar gravemente el estado de alerta y la capacidad de aprendizaje de un niño.17 Los niños que reciben una alimentación adecuada son más capaces de concentrarse y rendir bien en clase, lo que les abre las puertas a unas perspectivas de futuro más prometedoras. Desde una perspectiva a más largo plazo, educar a los niños sobre la importancia de una alimentación saludable durante sus años escolares, que son fundamentales para su desarrollo, puede ayudarles a adquirir hábitos alimenticios positivos que mantendrán durante el resto de sus vidas.18 Por lo tanto, los programas de alimentación escolar pueden capacitar a los jóvenes para que tomen decisiones alimentarias más saludables a medida que se convierten en adultos y, con el tiempo, transmitan estos conocimientos a la siguiente generación.
Además de los alimentos enriquecidos, los micronutrientes en polvo (MNP) constituyen otra forma eficaz de mejorar la nutrición de los niños. Estos polvos de vitaminas y minerales suelen presentarse en sobres individuales fáciles de usar que pueden añadirse a las comidas escolares para obtener varias raciones preparadas en el propio centro. De esta forma, las organizaciones pueden garantizar que los niños reciban siempre los nutrientes que necesitan para crecer sanos y combatir las infecciones que pueden impedirles asistir al colegio.
Mantener sana a la creciente población mundial
El vertiginoso aumento de la oferta de comidas escolares durante la última década demuestra que es posible avanzar. Juntos, los sectores público y privado pueden poner en marcha intervenciones nutricionales para reforzar el sistema inmunitario y la salud general de los niños, ayudándoles así a desarrollar todo su potencial. Con las soluciones nutricionales adecuadas y una inversión suficiente por parte de los gobiernos y los organismos humanitarios, el mundo puede empezar a superar los reveses de los últimos 18 meses y hacer de esta la década de acción para alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas de «Hambre Cero».
En dsm-firmenich, ofrecemos ingredientes de alta calidad respaldados por la ciencia, Soluciones personalizadas y Servicios especializados, necesarios para planificar y poner en marcha programas de alimentación escolar que tengan un impacto real. Desde el enriquecimiento de alimentos básicos hasta soluciones de micronutrientes en polvo y la defensa de esta causa a nivel internacional, dsm-firmenich es tu socio integral y comprometido con una causa en la lucha contra la desnutrición infantil y la inmunodeficiencia. Juntos, podemos contribuir a que la creciente población mundial se mantenga sana.
Para descubrir cómo una colaboración con dsm-firmenich puede ayudarte a encontrar soluciones nutricionales accesibles y asequibles que contribuyan a la salud inmunológica y mucho más, visita nuestra página «Mejora nutricional».
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